La Dirección General de Tráfico (DGT) , que en los últimos años ha sembrado las carreteras españolas de un infernal estado de paranoia al confundir la seguridad vial con auténtica caza de brujas con expolio a los ciudadanos, presentó ayer la Dirección Electrónica Vial y el Tablón Edictal de Sanciones de Tráfico, plataformas para que el conductor consulte sus sanciones por Internet. De paso, con estos avances se podrá alegar ante la DGT por las sanciones, algo vital.

Con toda la frescura del mundo, los responsables de normativa de la entidad reconocen que cada vez que la notificación de una multa no llega al presunto infractor, de inmediato se encarece espectacularmente, al no identificarse al conductor.

En la DGT culpan de esto a los cambios de domicilio, pero también ocurre por algo muy sencillo: las notificaciones llegan siempre en horario laboral, por lo que es habitual que no se puedan recoger en el domicilio. Así, vuelven a la oficina de Correos y cuando llega la segunda o tercera advertencia, el breve plazo de alegaciones o pronto pago ha caducado, y la multa se incrementa.

Todo, ante la impotencia de un conductor que contempla cómo le encarecen una infracción que todavía desconoce del todo.

Prácticamente a todo el mundo le ha ocurrido esto. Es indignante este proceder de la Administración para con el administrado, sobre todo en unos momentos en el que, por el contrario, la Administración se retrasa de un modo intolerable en el pago a proveedores, devoluciones de IRPF, etcétera.

La presión de la DGT sobre el ciudadano es una clara muestra de los tiempos que vivimos en los últimos lustros. Pero las nuevas tecnologías deben permitirnos defendernos de la DGT.

La Administración es muy permisiva consigo misma, e implacable con el ciudadano.

Fuente: Diario Negocio, ed. impresa 25 de noviembre de 2010 (pág. 3 – Editorial)

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