La generalización de las bicicletas en la ciudad al más estilo europeo es una asignatura todavía pendiente de examen en muchos rincones de España. Sin embargo la concienciación cada vez mayor de proteger el medio ambiente y por otro lado de practicar un deporte saludable, ha sacado de desvanes y trasteros las bicicletas para alcanzar mediante el pedaleo las metas propuestas.

Sin embargo aunque la idea de sostenibilidad ecológica que fomentan las bicicletas es favorable en todos los aspectos, hay muchos lugares que no cuentan con el acondicionamiento necesario para que la convivencia entre las bicicletas y los vehículos implique un factor de riesgo. Por eso en los lugares en los que se ha dispuesto del carril bici, se pretende que éstas circulen exclusivamente por su espacio para evitar cualquier tipo de incidente como caídas o atropellos a los peatones. Una idea protegida en el Reglamento General de Circulación con multas de 80 euros (40 euros como importe reducido) para los peatones que no respeten estas aceras exclusivas para los ciclistas.

Lo curioso del caso, es que habiendo sanciones en juego y existiendo las tradicionales aceras, se tiene la certeza de que los peatones se han acostumbrado más de la cuenta a pasear o correr por el carril bici sin que les suponga ninguna molestia el paso continuo de los ciclistas. Es más se diría que les gusta, o les inspira más tranquilidad de la que se presupone al arriesgarse con ello al pago de multas económicas.

 

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