Las leyes están para cumplirlas y si se desobedecen siempre hay multas y castigos para que se respeten. Son útiles para poner límites y recordarnos de vez en cuando que no estamos en la jungla, sin embargo, su estricto cumplimiento puede chocar en ocasiones con otras leyes más profundas y férreas: las de la moral. Distinguir entre la responsabilidad y la humanidad puede resultar difícil y más si nos remitimos a estos tiempos, en donde el dinero y conservar el trabajo, es lo primero.

Este debate es una polémica constante en cualquier época. Tal vez ahora lo cuestionemos más, puesto que la necesidad de recaudar en muchos ayuntamientos, ha obligado y presionado a muchos agentes para que hagan más de la cuenta sus deberes y ‘metan el turbo’ en la materia de imponer multas, sin importar las condiciones ni circunstancias. También lo cuestionamos por un reciente caso que ha suscitado y removido el debate de permanente polémica.

Esto se debe al hecho de que a un hombre le han retirado el carnet de conducir y le han puesto una cuantiosa multa de tráfico por exceso de velocidad cuando pretendía salvar la vida de su hija. David Weber de 32 años circulaba a 170 km/h porque llevaba a su mujer embarazada y con fuertes dolores por contracciones al hospital. Según indicación médica cualquier síntoma de alarma, obligaría a su esposa a correr a urgencias puesto que su embarazo era de riesgo y corría grave peligro la vida de su futura hija. Al producirse estas repentinas contracciones Weber no se lo pensó dos veces y corrió con su mujer en busca del hospital.

Sin embargo el camino se hizo cuesta arriba, cuando fue parado por la Policía. El agente cumpliendo con su trabajo le impuso a este conductor una multa de 1.000 dólares por exceso de velocidad. Sorprendido, pero preocupado por lo que pudiera pasar a su mujer e hija, David Weber prosiguió la marcha y de nuevo volvió a pisar el acelerador. Su cuestión era de urgencia. Pero otra vez fue parado antes de llegar al hospital, por otro coche de Policía alertado, tal vez por su compañero, que no dudó en plantarle otra multa más quince minutos de angustiosa espera.

Finalmente llegaron, se practicó una cesarea de urgencia y tanto madre como niña, se encontraron a salvo. Por eso contando con que ha sido un final feliz, respiramos, pero ¿qué pasaría si hubiese habido una complicación? ¿quién habría tenido la responsabilidad? ¿en una situación extrema no se pueden entender ciertas circunstancias? Tal vez las normas o límites nos pretenden hacer creer que nos alejamos de la ley de la selva, cuando tal vez, ya vivimos desgraciadamente en ella.

 

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