Desde el 1 de julio de este mismo año, los vehículos que pasen por Francia habrán de llevar de manera obligatoria en sus coches un alcoholímetro en buenas condiciones. Eso sí, habrá un periodo de adaptación de cuatro meses para que todos los vehículos estén preparados. Quienes a partir de ese momento no lo lleven encima, recibirán una sanción económica por la friolera de 11 euros.

El objetivo es dar un empujón a la seguridad vial: en los autobuses ya es obligatorio llevar un alcoholímetro que impide que se arranque en caso de dar positivo.

 

La medida tiene su polémica, como no podía ser de otra forma. Si bien puede que la base sea buena y el objetivo mucho mejor, que se multe con la ridícula cantidad de 11 euros seguro hará que nos encontremos con más de un conductor que prefiera pagar la multa a pagar un alcoholímetro, a pesar de que en Francia se vendan por 1 ó 2 euros.

Los alcoholímetros como elemento clave en la prevención no es algo nuevo: ya en algunos aparcamientos del centro de Madrid se han instalado algunos para que los conductores puedan comprobar su nivel de alcohol y ver si son capaces o no de conducir sin jugársela.

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