Las enfermedades que limitan la conducción

Padecer determinados trastornos o enfermedades puede suponer un grave riesgo si se mantienen los usuales hábitos de conducción. A los síntomas que se sufren, hay que añadir que muchos de los fármacos empleados para tratar estas enfermedades pueden implicar desde insomnio hasta otros posibles efectos secundarios que nos convertirían en un riesgo potencial al volante.

Existen determinadas enfermedades que resultan de mayor peligrosidad por sus características y consecuencias si se mantiene con normalidad la conducción. Estando ante una de estas situaciones tendremos primeramente que conocer  bien la enfermedad y sus efectos secundarios, así como los que deriven de la medicación que se tenga, extremando siempre precauciones y bajo ningún concepto situarse al volante en una fase aguda de la afección.

  • Dentro de las enfermedades que limitan la conducción y que por lo general expresan una manifiesta prohibición, estaríamos ante aquéllas que producen alteraciones mentales graves o del comportamiento tales como: alzheimer, depresión mayor, retraso mental o trastornos variados de la personalidad. En el caso del alzheimer la capacidad de conducir se puede alterar en las primeras fases de la enfermedad y por lo general son los propios familiares los que tienen que tener la iniciativa para que el paciente vea su incapacidad.

 

  • Y aunque conducir es toda una necesidad para muchos, se tiene que tener presente que también nos encontramos con enfermedades que pueden ocasionar en momentos puntuales pérdidas de conciencia, motivo suficiente para limitar y prohibir la conducción, aunque teniendo en cuenta las fases y afección que se da en cada persona. De esta forma englobaríamos dentro de esta categoría enfermedades tales como: diabetes si no se tiene control de la glucemia, epilepsia si no se cuenta con un tratamiento regular, ictus si no ha pasado el tiempo reglamentario – 6 meses – y no hay un informe favorable por parte del neurólogo o la apnea del sueño sin ningún control o tratamiento.

enfermedades

  • Si buscamos la seguridad en las carreteras, también existe un conflicto con las enfermedades que implican alteraciones visuales, teniendo en cuenta que resulta de obligatorio cumplimiento que después de una cirugía tal como cataratas o miopía entre otras, no se permite hasta pasado un 1 mes la conducción -ampliándose a 3 para el caso de los profesionales – el volver a coger el coche. Si se tiene visión monocular habrá que llevar espejos retrovisores panorámicos.

 

  • También tendrán que adaptar según las necesidades su vehículo, las personas que padezcan parkinson, sabiendo que lo correcto para estas situaciones es conducir acompañado, pocas horas y siempre con una planificación total del viaje.

 

  • Por último y resultando lo más general cuando se acerca la primavera, aquellas personas que padecen alergias y que sufren el lagrimeo, la rinitis, estornudos, picores y el malestar general, cuentan con una capacidad reducida de concentración y rendimiento al volante. Para estos casos nunca se tendrá que recurrir a la automedicación, reduciendo al mínimo el tiempo de conducción y dejándolo aparcado el vehículo cuando los síntomas sin dudas, nos dejen tumbados.

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