Lograr que las tecnologías se alíen para facilitar el trabajo en la imposición y tramitación de multas es una realidad que cada vez se perfecciona más. Una manera de conseguir mayor efectividad pero también mayor encontronazo con el denominado derecho a la intimidad que no se duda en vulnerar si se trata de alcanzar un alto volumen de sanciones.

No es para los conductores nada desconocido el hecho de que la mayor parte de los vehículos que se fabrican ahora, incorporan altas tecnologías como GPS para facilitar las rutas e informaciones al volante. Estas ventajas, llegados a un punto extremo, se pueden sin saberlo volver en nuestra contra y revelar informaciones que chocarían con nuestro derecho a la intimidad. Una realidad que nos muestra la delicada línea que separa los límites entre la privacidad y las continuas intromisiones.

Una conclusión que se llega fácilmente si se tiene en cuenta los niveles a los que se está llegando en perfeccionamiento de las posibilidades de las tecnologías y la mala praxis que se puede hacer de ellas, para lograr mayor rentabilidad. Un debate siempre presente y que cobra ahora especial interés al ser cada vez más visible el control que se tiene de la ciudadanía.

Escenario que aprovechándose de la crisis económica ha utilizado las multas de tráfico como un buen recurso para rellenar las arcas de ciudades y municipios que acusaron años de despilfarros. Multas de tráfico inexplicables, exigentes y en un futuro probablemente automáticas. Todo ello gracias a las tecnologías que en este caso podrían jugar un flaco favor a los conductores. Una conclusión que se llega gracias a las informaciones que facilitarían estos GPS o navegadores para facilitar informaciones a las empresas y que además servirían para casos de investigación de delitos graves.

Su posible conexión con la Dirección General de Tráfico (DGT) sería un paso más a dar que retiraría a radares y agentes de las carreteras para hacer realidad las multas automáticas, la manera más infalible, eficiente y barata de control sobre el conductor. Todo ello nos llevaría a lograr la sanción fácil pero atropellando el derecho a la intimidad. Unos antecedentes que comienzan a verse con los controles a peatones que velan por una extrema seguridad olvidándose en muchos casos la parcela de la privacidad.

¿Presente o futuro? ¿Realidad o ficción?, el tiempo es el único que nos sacará de dudas del eterno debate por querer saber más sin rebasar los límites que toda persona mantiene de su intimidad.

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