Si ante un coche y una carretera toda precaución es poca, llegados a cierta edad, los cuidados deben extremarse. Los reflejos y despistes riesgos más habituales que corren las personas mayores, son malos amigos de la conducción y si a eso se le suma el exceso de velocidad, la bomba puede ser de lo más explosiva.

Los mayores de 64 años que cuentan con la tasa más alta de fallecimientos en carretera, tienen especial afición por pisar el acelerador. Un pecado que hace que la mayor parte de las multas de tráfico que reciban, sea por el exceso de velocidad así como los sustos derivados de ellas. Otra de sus debilidades se encuentra en los aparcamientos, siendo uno de los focos más multados por estacionar indebidamente o no respetar las horas en determinados lugares.

Sin embargo estas faltas no les convierten en el centro de todas las multas, porque precisamente al ser conscientes de determinadas limitaciones por la edad, su incremento de la prudencia les convierte en el sector de la población que recibe menor número de sanciones aunque no sean del todo inmunes a ello.

Para contrarrestar estos miedos que surgen a los conductores con la edad, solicitan más información de los avances, tecnologías que les ayuden en la orientación como GPS, mejoras en los pasos de cebra o en la iluminación de las señales y carteles.

 

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