Si hace menos de un año se obligaba a todo conductor en Francia a llevar un etilómetro o alcoholímetro a bordo de su coche, esta medida ha sido aparcada indefinidamente por el Gobierno francés al considerar que estos aparatos no resultaban del todo fiables y eran difíciles de encontrar para los conductores.

La normativa que entró en vigor el 1 de julio del pasado año, después de que el Gobierno de Francois Hollande recogiera el testigo de lo que en su día fue apuntado por Nicolas Sarkozy, no ha terminado de cuajar, tanto porque se cuestiona su fiabilidad, como por la dificultad que supone para los conductores encontrar etilómetros. En un principio, y según se estipuló la falta de alcoholímetros en los coches implicaba multas de 11 euros más la pérdida de un punto del carnet de conducir y para evitarlas el conductor podía optar a diferentes tipos de etilómetros homologados.

Pero esto ha cambiado radicalmente ante una decisión que ha pillado por sorpresa a todos, dada la polémica que en sí suscitó, así como los numerosos cambios que experimentó hasta su entrada en vigor. El motivo que cobra más peso para este salida tan particular responde principalmente a que no lograban abastecer la demanda y esto sirvió como excusa a muchos establecimientos para elevar los precios de los alcoholímetros injustificadamente.
 

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