El afán recaudatorio no tiene límites, por eso a falta de radares en algunas zonas, siempre hay agentes que incluso a ojo se atreven a calcular sin ningún miedo o reparo, límites de velocidad para imponer las multas de tráfico a los sorprendidos conductores. Al parecer ninguna sanción se puede quedar sin poner.

Esta práctica de imponer multas de tráfico sin radar de comprobación es completamente verídica y está basada en episodios recientes que demuestran que bien a los agentes se les adiestra ahora para poder predecir la velocidad a la que van determinados vehículos o que el ser humano está evolucionando mucho más allá que las tecnologías. Dos teorías que llegados a este punto ya ni logran del todo sorprendernos.

Lo cierto es que aunque parezca una auténtica broma, esto le ha sucedido a un ciclista malagueño que fue interceptado y multado por un policía municipal al considerar a ojo que llevaba una velocidad de 20 km/h, cuando no está permitido sobrepasar los 10 kilómetros por hora.

Este ciclista que circulaba por el paseo marítimo a primera hora de la mañana, al no haber un carril bici disponible, tenía en cuenta que apenas había transeúntes y estaba en todo momento siguiendo las normas de circulación hasta que el agente le dio el alto. Su multa de tráfico es de 18 euros, no especialmente elevada, aunque su enfado reside en que no ha tenido forma de defenderse del argumento del policía, basado en su vista a falta de la efectiva tecnología.

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