La eficacia del radar Pegasus a lo largo de todos estos meses, desde que en marzo hiciera su estreno, ha movido a la Dirección General de Tráfico (DGT) a comprar cinco nuevas cámaras del mismo modelo que la original, para incorporar en helicópteros ya existentes y seguir más exhaustivamente el recorrido de vehículos desde el aire.

Y ya van cinco más con esta nueva adquisición, dado que desde octubre se había comprado uno por el precio de 180.000 euros con instalación incluida, a los que se tienen que sumar el Pegasus original y las cuatro nuevas. Un buen elenco para intentar cumplir la promesa de Tráfico de intensificar la vigilancia en las carreteras que conlleverá también un incremento sustancial de las multas de tráfico para los conductores.

Estos radares no estarán en una zona geográfica concreta, partiendo todos ellos desde Madrid para ir desplazándose hacia donde se considere que pueden ser puntos más conflictivos en el control de Tráfico. Una inversión muy elevada para la DGT, establecida en 640.000 euros extra para estos nuevos fichajes, que en cualquier caso les supone unas fuertes garantías al contar estas cámaras con mayor capacidad para multar tal como se ha podido ver desde el principio con el originario Pegasus.

Un gasto que está siendo fuertemente criticado desde diversos sectores, al considerar que en tiempos de crisis se está dedicando mucho presupuesto a algo que es prácticamente un lujo y que en cualquier caso sería justificable en determinados puntos negros y no para lograr auténticos récords en números de multas de tráfico.

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