En los últimos meses a buen seguro habréis comprobado que las carreteras españolas están viviendo en muchos puntos una buena reforma o más bien se encuentran ‘patas arriba’, como diríamos más coloquialmente, lo cuál provoca y más en estas fechas el sufrimiento de muchos conductores que tienen que alterar recorridos o armarse de paciencia hasta llegar a su destino.

Según la Dirección General de Tráfico (DGT), tal como refleja en su página web, en la actualidad hay más de 400 actuaciones en curso que obligan de una manera u otra a seguir unas indicaciones y normas de circulación concretas en esos tramos. ¿Y qué sucede si no se respeta el límite de velocidad en zonas de obras?. Pues sencillamente nuestra acción no cae en saco rato y ya se sabe que la DGT no perdona, por lo que en cuestión de días llegará una multa a casa que nos recordará esos kilómetros de más que pasamos en la zona no permitida.

Precisamente estos puntos conflictivos, dado que se trabaja en ellos, cuentan con radares en la mayor parte de las ocasiones que hace que se conviertan en focos primordiales para la imposición de multas, que unido a la desesperación de muchos conductores que no llevan nada bien la velocidad anormalmente reducida, los estrechamientos o los conos que se establecen en esas zonas, resulta una combinación más que peligrosa.

Todo esto hace que los tramos con obras se conviertan en un gran peligro y que los conductores tengan especialmente que temerlos si no quieren llevarse multas a casa, porque salvo obras que lleven un gran desbarajuste y hayan olvidado señales y conos o estén mal señalizadas, será difícil librarse de este tipo de sanciones.

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