El hecho de tener el vehículo resguardado de las inclemencias del tiempo y de la fortuna que se puede vivir en la calle es un lujo que no todos los conductores se pueden permitir. Las plazas de garaje siguen siendo un gran negocio para muchos y ahora se ha convertido en un fraude para otros, al extenderse con la crisis económica la práctica de aparcar en plazas ajenas aprovechando que el propietario está ausente.

Con alevosía y todo el descaro del mundo, muchos conductores han comprobado como en más de una ocasión, su plaza de garaje estaba ocupada por otro vehículo. Situación que ha terminado con grúa, policía y otras tantas complicaciones para retirar al ‘impostor’ del lugar ocupado. Una acción que contempla por supuesto multas de aparcamiento y que está tipificada en el Código Penal como coacción.

Y es que tras el pretexto de una confusión o despiste, muchos aprovechan la comodidad que ofrece una plaza de garaje aunque sea ajena, sin importarles las consecuencias. Pretexto utilizado en garajes colectivos que se hace difícil de recurrir en otro tipo de casos donde hay mayor intimidad. Esto sucedió con un vecino de Logroño que utilizó en repetidas ocasiones plazas de garaje que no eran de su propiedad. Una acción que le costó la multa de 720 euros.

Una cuestión que ya no sólo se mira por la sanción, sino que se trata de un delito que suplanta identidad y que mediante la coacción aprovecha espacios propios para ser utilizados indiscriminadamente. Preocupación que demanda más vigilancia y castigo a través de las leyes, para que nadie robe los derechos ni espacios propios de nadie.

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