El mayor temor de un conductor es toparse con un radar de velocidad y no obstante aunque los fijos tienen la obligatoriedad de señalizarse, muchos de ellos se esconden oportunamente en determinados sitios a la caza de multas. En los municipios el número de estos no es elevado pero los malabares que se hacen con los que se trabajan, logran engañar a más de un conductor.

Todo ello tiene una lógica explicación que una vez más tiene que ver con la cuestión económica: el elevado precio que ofrece la adquisición y montaje de estos equipos. Pero no por ello los municipios dejan de aprovechar las ventajas y temor que supone tener aunque sea uno de ellos y deciden explotarlo más de la cuenta. Una técnica o truco para multiplicar en número los radares, basada en la picaresca y en el temor que se tiene en la actualidad al afán recaudatorio con multas.

Para ello basta con tener un único radar fijo pero varias cajas que lo oculten. De esta forma se juega al despiste con los conductores y este radar fijo o estable va rotando entre ellas, logrando la confusión y convirtiéndose, bien pensado, en uno móvil. Esto hace que los conductores crean que hay más de un radar en el municipio y extremen cuidados en la conducción, cuando realmente sólo se encuentran vigilados por uno. Una especie de juego de trilero en el que se tiene que intentar averiguar dónde está el dispositivo de control y no la bolita.

Y aunque parezca algo simplón, es una técnica que se practica en más sitios de los que creemos, aprovechando el temor generado en la actualidad y la falta de recursos económicos de muchos municipios. Uno buen ejemplo de ello es Palencia, que cuenta con dos radares, uno móvil y otro fijo que sigue esta práctica para lograr a los ojos de los conductores, convertirse en otro dispositivo móvil.

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