Se trata de un colectivo especialmente sensible a lo que se refiere a seguridad vial. Los peligros de la carretera, los adelantamientos y la todavía difícil labor de integrarlos en las ciudades, se le suman ahora nuevos peligros y trampas que en este caso tienen su principal foco en la montaña.

El número de casos, todavía no es preocupante pero empieza a ser bastante continuo tal como recoge ‘El Diario Montañes‘. En sus páginas se han hecho eco de lo que se consideran trampas para los ciclistas o bikers que eligen estas zonas naturales para practicar su afición. Lejos de creer que están seguros se esconden trampas en senderos y caminos con el objetivo de dificultar el paso, provocando averías en las bicicletas y algunas de ellas lesiones más graves a los ciclistas.

Se tratan de maderas enterradas con clavos, alambres estratégicamente colocados entre árbol y árbol y en los peores casos algunos a la altura del cuello, piedras ocultas o barras de metal semienterradas. Todos ellos componen unas supuestas trampas que no sólo son un peligro para los ciclistas, sino para cualquier otra persona. Un arsenal de ideas con muy mala intención que pueden tener consecuencias mucho más graves que las que en un principio se pretenden.

Las estimaciones indican que este tipo de trampas para los ciclistas en la montaña, tiene su origen en la rivalidad entre cazadores y ciclistas en el monte, o a querer acotar determinadas zonas al paso de estos medios, aunque con unas medidas extremadamente drásticas. El hecho de darlas a conocer supone un primer paso para intentar que las soluciones se adapten por una vía pacífica sin representar ningún peligro para este colectivo.

Fotografía: El Diario Montañés

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