Si a falta de las distracciones más habituales conduciendo, tales como cambiar una canción, mirar el GPS, hablar con el copiloto y las consideradas como infracción, de hablar por el móvil o comer y furmar, se ha comprobado recientemente que otro problema que afecta a la concentración y seguridad de los conductores, radica en los radares de velocidad.

Esto supone un giro radical para lo que siempre han vendido y defendido los organismos oficiales, debido a que si su instalación es para velar por la seguridad y que se respeten los límites establecidos, ahora precisamente su existencia es un motivo más de nerviosismo y despiste para los conductores en la carretera. Un debate que se ha abierto a raíz de una publicación del diario británico Daily Mail, en el que se plasman con rigor esos resultados.

El caso del Reino Unido

Según lo expuesto en este medio, desde el 2001 se han producido en Reino Unido 27.900 accidentes de tráfico en los que la causa principal residía en perder unos instantes la concentración de la vía por la existencia de un radar de velocidad. Una información que viene acompañada de una encuesta en la que un 30% de los conductores confiesa haber sido testigos de accidentes por estar pendientes de estos dispositivos de control de velocidad.

Con estos datos se ha dado un motivo más para que se eleven las voces críticas contra los radares, que si no están situados en puntos negros, como una curva, zona con mala visibilidad o con algunas características de por sí peligrosas, tienen función recaudatoria que ahora además hace peligrar la seguridad de los conductores. Una buena información para que prime el sentido común ante cualquier colocación de radares.

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