Por curioso que parezca, muchos de los comportamientos que asumimos sin darnos cuenta en nuestro día a día, son un claro reflejo del tipo de conductor que somos en la carretera. Acciones y malos hábitos que reproducimos también al volante, pudiendo traernos en esas ocasiones muy graves consecuencias.

Vivimos rodeados de actividades y responsabilidades. Esto hace que no seamos conscientes en la mayor parte de los casos que estamos cometiendo repetidamente faltas en el día a día que ya hemos asumido como normales y que reflejan nuestro estado y humor en las carreteras al llevarlas también a este plano. De esta forma el que no tiene pelos en la lengua e insulta ante cualquier situación, con más frenetismo lo hará si se sube a un coche.

También está el ejemplo del que no tiene nada de paciencia y siempre intenta colarse en las filas sin respetar los turnos. Su fiel reflejo se verá en la carretera, donde no dudará en adelantar y hacerlo hasta de manera temeraria si tiene  que reducir más de lo normal la velocidad ante determinada situación.

La clara muestra de los que pisan más de la cuenta el acelerador, la podemos ver en personas inquietas que no dudarán en atropellarnos en plena calle si tienen mucha prisa y lo justo se disculparán. Ellos son los amantes de la velocidad y del estrés, llevando una vez más esta forma de vida al estilo de conducción.

Reflexión

Y si llegados a este punto todavía no queremos reconocer ciertos perfiles que se cumplen a la perfección, ¿por qué se asume como mal estas normas en el día a día y frente al volante concebimos todo? Un buena reflexión acerca de los hábitos y malas prácticas que tanto peatones, ciclistas, conductores y motoristas se deberían hacer para mantener también una buena educación en las carreteras.

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