Como en el Lejano Oeste en varios condados británicos han adoptado la peliculera forma de la recompensa económica para llamar al orden a sus ciudadanos. Ofreciendo una suma de dinero se incentiva el espionaje y se premia la lealtad a la ley, si es para acabar con los conductores bebidos en las carreteras.

Esta modalidad se pagará hasta con 1.000 libras esterlinas (unos 1.200 euros) para aquellos ciudadanos que colaboren en la detención de conductores que hayan consumido alcohol, en concreto en los condados de Derbyshire y West Midlands en Reino Unido.  La forma que se ha facilitado para ejercer esta tarea destinada a lograr un bien comunitario y más en las delicadas fechas de Navidad, donde los excesos son más habituales en todos los aspectos, se presenta de la siguiente forma:

“Insto a cualquiera que tenga información sobre un conductor ebrio para que se ponga en contacto con la Policía, acudiremos siempre que nos sea posible”. Una curiosa manera de pedir al ciudadano un trabajo que de primeras no le corresponde hacer, además de resultar graciosa su disculpa por si no pueden acudir a la llamada de aviso después de que haya hecho este mismo ciudadano el trabajo sucio.

Muy diferente del método que se presenta en Reino Unido, pero pretendiendo tener la misma eficiencia, la Dirección General de Tráfico (DGT) en España, comenzará su particular persecución a los conductores que consumen alcohol y drogas con una nueva campaña. Esta vigilancia que se extenderá hasta el día 15 de diciembre, no requiere de ninguna participación ciudadana y será tal vez una de las últimas veces que se lleve a cabo sin estar vigente la reforma de la Ley de Tráfico que pretende duplicar el importe de las multas por este motivo.

Una tarea en la que aquí no se delega y que supone a lo largo de estos días más de 20.000 controles diarios en todo el país para evitar que los conductores se lancen a la carretera si cuentan con sus capacidades mermadas por el consumo de estas sustancias. Una actividad que los agentes cumplen escrupulosamente sin necesidad de chivatazos ciudadanos, aunque puede que en un futuro se convierta en un buen complemento a su trabajo. No nos sería tan difícil de creer después de otras costumbres adquiridas con el tiempo.

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