La paciencia no es precisamente lo que abunda entre los ciudadanos granaínos que desesperados al ver su ciudad levantada por unas obras interminables para la construcción de un metro-tranvía que se empezó en un mal momento, tienen que aguantar diariamente atascos en las zonas principales de la ciudad andaluza.

Este hecho, provoca que los carriles bus se terminen convirtiendo en determinadas ocasiones en improvisadas válvulas de escape que por supuesto tienen consecuencias. Las multas de tráfico por abrirse camino a través de los carriles bus se han disparado en Granada, alcanzando las cifras al mes de casi 6.000 euros, lo que se traduce en 197 sanciones por esta razón al día. Una circunstancia que no sólo sufren los conductores que se arriesgan a cometer la infracción, sino que implica que el propio autobús atestado de pasajeros se vea obligado a esperar hasta que el carril quede despejado.

Todo esto registrado de manera incansable por las cámaras que controlan los accesos restringidos además de la tarea de la policía local y de los controladores del ORA que asumen su función en materia de estacionamientos, una de las asignaturas más pendientes y sancionadas para los ciudadanos granaínos.

 

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